El calibrado de termómetros, la comparación in situ entre ellos (que suelen dar lecturas diferentes) y, sobre todo, saber cuál se acerca más a la realidad es un verdadero quebradero de cabeza para una gran mayoría. Os voy a proponer una solución casera y muy simple (bastante barata y, por la alta fiabilidad, muy barata) que se basa en la tranquilidad de poder disponer de una referencia patrón por definición.
Hay dos grandes referencias básicas para establecer calibraciones de temperatura: el punto de ebullición y el punto de congelación del agua. La primera es mucho más complicada y costosa que la segunda ya que está fuertemente afectada por las variaciones de la presión atmosférica así que nos dedicaremos a controlar un único punto de referencia: el de congelación. Para efectos meteorológicos, normalmente, habrá más que suficiente.
Vamos a partir de la base más complicada (por aparatosidad, no por simple) y así tendrán una idea patrón para relacionar el método casero.
Para asegurar un calibrado de primera referencia de los cero grados Celsius en una exactitud de ±0.001ºC necesitaríamos:
Un ambiente de trabajo cercano a 5ºC de temperatura.
35 litros de agua.
Hielo finamente picado.
Mezcla hielo/agua extremadamente homogénea y agitada.
Un contenedor de la mezcla que permita el mayor aislamiento térmico posible respecto al ambiente de trabajo.
¡ Y ya está ¡ así de simple. Pero, así de complicado por dos de las condiciones: El continente y el volumen de agua a manejar.
Claro que la sonda (y el termómetro) a referenciar deberán ser de primera, ó de clase A: Vaina de platino (con recubrimiento de cuarzo) de ~500mm., sumergibilidad de ~330mm., punta de baja inercia y rápida respuesta.
La solución casera que les propongo, enteramente manejable, tiene los siguientes “ingredientes”:
Un ambiente de trabajo cercano a los 20ºC ( ¡qué comodidad! ).
Un litro de agua.
Hielo finamente picado.
Mezcla de éstos lo más homogénea (y suavemente agitada) posible.
Un termo de líquidos comercial ( eso sí, algo singular ) de un litro.
Con ello obtendremos una referencia patrón con exactitud de ±0.04ºC. Indiscernible para un termómetro de mercurio y casi diez veces más exacto que las exigencias oficiales en meteorología de ±0.3ºC. Lógicamente, el elemento a controlar deberá ser sumergible: hoy en día pequeñas sondas de unos 70mm. sin necesidad de ser profesionales ya garantizan una estabilidad de 0,3ºC en toda, ó casi toda, la banda; y si la variación de temperatura es suave podríamos confiar en lecturas de ±0,1ºC entre -5ºC y +25ºC. Lo más caro, quizás, el termómetro (que cubra esta tolerancia, ó mejor) pero con la ventaja de que podría servirnos como termómetro de control respecto a los otros. Si no permitiera una puesta a cero ó una calibración deberíamos hacer la corrección por diferencia en la lectura.
Un termómetro de mercurio, mucho más barato, cumpliría perfectamente el objetivo de “2ª referencia”.
También serviría para calibrar o referenciar el termómetro que soléis utilizar en algunas estaciones (mini-registrador de datos) que según se propagandea soporta la inmersión. Con la ventaja de que podría verse informáticamente su evolución: si estuviera perfectamente calibrado, en un momento dado, debería marcar una temperatura mínima de 0ºC; por su relativa masa debería permanecer un buen rato sumergido (al ser controlable, podría verse cuánto) hasta que llegara a marcar los 0ºC. Cualquier ‘no llegar’ o sobrepasar esta temperatura nos daria noción de la inexactitud (ó corrección de lectura) a tener en cuenta.
Ahora viene lo realmente profesional (pero a precio comercial) del método: El termo.
Este deberá ser de fabricación argentina. Ni alemanes ni otras nacionalidades. Nadie como los argentinos han fabricado (sin proponérselo para este efecto) un aparato tan científico para este propósito. Tienen verdadera obsesión por controlar (y, especialmente, mantener) la temperatura a la que tienen que “bañar” su hierba mate. Hay eternas discusiones de si es a 70, 75 u 80ºC la mejor temperatura. Esta última la considero un poco exagerada, así como también para el té: creo que, sanitariamente, es algo inconveniente. Porque en una cosa sí que coinciden: el agua no debe llegar a hervir (lo cual pasaría además por exagerado) porque si no la hierba “se quema”, aunque esperemos un rato y la pongamos a 70ºC ya que está demasiado 'oxigenada'. Y tienen toda la razón: lo que para el aire un exceso de humedad no nos suele ser bueno, para el agua un exceso de “aeridad” tampoco. Fijémonos que en una cazuela si una parte del pollo (por algún animal decir) queda constantemente afuera (en contacto con el aire) éste se oscurece más que el resto; se ha “quemado”(oxidado) más: sin embargo la temperatura es prácticamente la misma. Para mí la temperatura ideal sería ambivalente: 70ºC ó bien 72ºC. Depende. ¿De qué depende?...de la manera de cebar el mate: si el cebador (son ritualistas a más no poder; en grupo suele haber un cebador, preparador, el que a veces se quema

, y los amigos…compañeros, que comparten la mateada)...si el cebador tira el agua directamente sobre la hierba ésta creo que debería estar a 70ºC; pero si la tira sobre la bombilla (canuto para chupar literalmente la hierba, hecho actualmente de acero y con forma final antiguamente abombada) debería estar a 72ºC ya que ~1 ó 2ºC se pierden en el contacto con el frío acero). La barrera, insisto, para mí de 72ºC sería la que inicia los procesos de esterilización y, desde luego, nada aconsejable para superarla, sanitariamente (en el sentido de que también nuestros tejidos cutáneos se van –mínimamente- a quemar). ~70 – 71ºC son suficientes para extraer de la hierba mate toda la mateína y grupo de vitaminas B con una ligera notación aceitosa (buena señal) en lugar de agua tintada escurridiza que nos haga ir rápido con el final de la espalda hacia algún lugar.
Volvamos de los cerros:
Un buen termo matero tiene unas propiedades aislantes y estabilizantes casi de excepción. El que yo dispongo tarda más de tres horas en ganar 0,1ºC (en la zona de 0ºC y ambiental de +20ºC) por lo que es ampliamente válido para manipularlo con apenas oscilación de alguna centésima. La tapa, o el bonete superior, incorpora tres anillos circulares no rígidos que conforman dos pequeñas capas aislantes y perfecto cierre. La boquilla ( ‘el pico’ como le llaman en blanqui-azul celeste) para dirigir ligeramente y con precisión el agua, en este termo concretamente, es doble: una, hacia abajo corrigiendo por una parte el posible exceso de llenado con un mínimo cierre ‘natural’ y permitiendo a la otra boquilla, superior, fluir suficientemente el líquido. La boquilla superior es algo alargada y cae prácticamente en el centro circular geométrico; es ligeramente alta; y, estrecha lo suficiente para introducir la sonda termométrica permitiendo una ligera oscilación cónica que ayuda al pequeño volteo horizontal (lógicamente, manual) que podamos darle al, digamos, instrumento.
La forma de proceder es muy simple: un primer llenado completo de agua fría más algunos cubitos de hielo. Una propiedad muy importante de este termo es que prácticamente no permite (si así lo deseamos) una cámara de aire. En este aspecto diría que incluso mejora a algún aparato profesional. Al cabo de un rato, vaciado y aprovechamiento de esta agua y rellenado con hielo picado (o granizado); esperar otro rato, con algún pequeño movimiento circular de redistribución y mezcla; introducción de la sonda termométrica, con algunos movimientos circulares más, hasta que se estabilice la temperatura: ahí, ésta debería permitir al termómetro marcar exactamente 0ºC.
En el caso de introducir un termómetro de mercurio: primero haría falta ver si pasa por la boquilla vertical (atado). También lo más probable es que pueda sumergirse totalmente y cerrando después la tapa aunque quedaría incontrolable en su posición. En el caso de tener que operar con la boca del termo abierta sería mejor hacerlo en un ambiente de ~+5ºC. Aún así sería bueno considerar una incertidumbre de ±0.1ºC : aún más que sobrada y casi inapreciable para tratarse de ese instrumento.
Hay termos de 1 litro de capacidad y otros de ¾. Lógicamente, el mejor es el de litro. Aparte de que permite la introducción de una sonda algo más larga: enteramente, una de 200mm. y en la práctica una de 300mm. en el límite de inmersión. También le da más libertad al pequeño submarino informatizado que soléis utilizar. La incertidumbre en un termo más pequeño, el de tres al cuarto

, estaría en ± 0,05ºC. Los termos de boquilla (de pico) oscilante ó adaptable no nos sirven: podrán ser más cómodos para dirigir el chorro, pero resultan impracticables a nuestro efecto.
Es relativamente fácil encontrar algún termo de esos en Barcelona y Madrid (yo prefiero poder verlo antes que pedir por internet). Las grandes superficies suelen tener la hierba mate de consumo pero prácticamente no tienen accesorios.
El precio de un buen termo suele rondar los 20€. Otra cosa ya es el termómetro; aún así podemos tener una alta confiabilidad (e importante, tranquilidad) a precio más que competitivo.
Espero no haberles aburrido.
Saludos.
- Jordi -